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050 4 _aP 301
_b.D67
100 1 _aDorra, Raúl
_96970
245 1 3 _aLa retórica como arte de la mirada /
_cRaúl Dorra.
260 _aMéxico, D.F. :
_bPlaza y Valdés,
_c2002.
300 _a135 p. ;
_c21 cm.
440 0 _aMeridiano
_96971
500 _aResumen: El interés por la voz es interés por el cuerpo, por el sujeto sensible y consecuentemente por los variados factores que entran es su composición, factores por los que la semiótica se viene preocupando estos últimos años. Por su parte, quien se ha detenido en el estudio de la poesía de tradición oral también debe considerar tarde o temprano esos factores: la potencia ordenadora del ritmo, la potencia constructiva de los sentidos, la potencia organizativa de los gestos. La voz, creo, es la forma primordial, por excelencia el elemento significante de lo humano. La retórica como arte de hablar nació y se consolidó en comunidades fuertemente oralizadas en las que la actuación de la voz tenía un peso público preponderante porque era el factor que organizaba la vida social. Hablar significaba existir socialmente y no sólo existir -hacerse presente- sino ocupar un lugar -el lugar- en las instituciones sobre las que descansaba el bien común. Por ordenada y regulada. La palabra, entonces, debía escenificar la armonía del conjunto, la proporción de las partes, el ejercicio disciplinario, la variedad y la tensión de las pasiones controladas por la razón. Sostenida por el poder de la voz, esa palabra debía volverse sobre el cuerpo, del que aquélla se había desprendido, para tomar su forma. Al igual que éste, la palabra debía hacer figura, modelarse, mostrarse como una composición en la que reinan la armonía constructiva o la belleza enérgica, es belleza que proviene y refuerza la convicción de que todo debe estar en su lugar. Desde una cierta perspectiva sobre la que trataré de explayarme a lo largo de este libro que presento, la retórica puede ser definida como un cuerpo labrado por la palabra y puesto de pie por la voz. La idea de que la retórica es el arte de componer, o modelar, un discurso a la manera de un cuerpo está en el origen -en la selección misma del término figura para designar aquello a lo que el discurso debe tender- y ha sido una y otra vez reiterada por los que se ocuparon de esta disciplina. Sin embargo esta idea nunca ha sido explícitamente desarrollada. Es como si la reiterada afirmación hubiera sido tratada, ella también, como una figura. Lo que este libro se propone es revertir esa inversión, reunir el cuerpo y la figura. Mostrar, en la primera entrega de una trilogía dedicada a la relación entre lo sensible y el sentido, los movimientos de una palabra que sale a escena para exhibirse como espectáculo.
650 0 4 _aRetórica
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